Las Bienaventuranzas

“Viendo a la muchedumbre subió al monte, se sentó y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

¡Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos!
¡Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra!
¡Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados!
¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados!
¡Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia!
¡Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios!
¡Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios!
¡Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos!
Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”.  (Mt 5, 1-12)

 

Las bienaventuranzas, ¡camino de la felicidad!

“Llevamos el nombre de las “Bienaventuranzas”, cumbre y resumen de la enseñanza de Cristo, que nos recuerda nuestra vocación a la felicidad. Proclamadas por Jesús en el monte, las Bienaventuranzas de hecho, trazan el camino hacia la felicidad eterna a la que aspira el corazón del hombre (CCC, n°1697)”. Libro de la vida n°1)

“Las Bienaventuranzas son el camino al que hemos sido llamados para responder al llamado universal a la santidad en el seguimiento de Cristo. Toda nuestra vida quiere estar impregnada por las Bienaventuranzas. Para dar testimonio de la esperanza y de la alegría del mundo venidero, elegimos convertirnos en hombres y mujeres de las Bienaventuranzas » (Estatutos de la Comunidad).

Cristo de las Bienaventuranzas

Esto significa dejar que el “Cristo de las Bienaventuranzas” nos fascine y siga sus pasos para parecernos más y más a él. Las Bienaventuranzas describen a Jesucristo: su pensamiento, sus sentimientos, su acción y toda su vida. Era pobre, manso, compasivo y misericordioso; tenía hambre y sed de justicia. Tenía un corazón puro y traía la paz. Estaba dispuesto a soportar el sufrimiento y la persecución para darnos la vida eterna. Él nos mostró lo que significa vivir como hijos de Dios.

“Las Bienaventuranzas nos revelan el rostro de Cristo que, solo, las vivió en su totalidad. Él es el León de Judá y el Cordero Inmolado, quien, a través de su Pascua, nos lleva a la gloria del Padre. » (Libro de la Vida*).

* El Libro de la Vida de la Comunidad es el texto fundador de la espiritualidad de la Comunidad. Puedes descargarlo en francés aquí o pedirlo a las Editions des Béatitudes.  

 

Del León de Judá a las Bienaventuranzas

El primer nombre de la comunidad fue “El león de Judá y el Cordero inmolado” siendo el león el emblema de la tribu de Judá, una de las doce tribus de Israel, de la cual Cristo desciende.

En efecto, “desde los primeros momentos de la vida común estos dos rostros de Jesús se impusieron en nuestra meditación: León y Cordero, fuerza y debilidad, Dios Fuerte, Todopoderoso y niño pequeño; vida abundante y anonadamiento. 

Muerte que vence a la muerte para abrir las puertas de la vida eterna.
Unida a aquella del Cordero de Dios, nuestra oblación silenciosa triunfa en la victoria del LEÓN DE JUDÁ sobre todos los poderes del mal. Y sea que a Él le agrade revelar un rostro más que el otro, nunca debemos disociarlos en nuestra fe y nuestra adoración. » (Libro de la vida, n° 3).

 

En 1991, la Comunidad cambió su nombre para tomar el de “Comunidad de las Bienaventuranzas” más fácil de llevar en la diversidad de culturas donde ella se estableció, y mostrando su deseo de una mayor apertura a los pobres.

Los dos rostros de Cristo, Cordero, pobre, manso y humilde en su Pasión y León victorioso de la Cruz, permanecen en el corazón del mensaje de las Bienaventuranzas. Es por esta razón que la Comunidad ha mantenido como emblema estas dos figuras de León y Cordero.