Vida de unión a Dios

Consideramos la oración en todas sus formas, que son innumerables, como el medio por excelencia para adquirir el aceite del Espíritu en el comercio de la amistad con el Padre. Nuestra espiritualidad está marcada por lo nuevo y lo antiguo, una renovación de la tradición por el soplo del Espíritu Santo.

Nuestra amistad con Dios se nutre de la oración continua en la escuela del Oriente cristiano (la oración del corazón) y la práctica fiel de la oración en la escuela Carmelitana.

La vida de oración

“La Comunidad reconoce como su gracia principal la vida de oración” (Livre de Vie, n° 60)

La oración ocupa un lugar esencial en nuestras vidas. Creemos que la vida contemplativa nos permite entrar en la bienaventuranza de aquellos que ven a Dios y progresivamente se vuelven más y más semejantes a Él, actualizando así la palabra de San Juan: “Cuando Jesús se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como es” (1 Jn 3: 2).

Ella es este corazón a corazón con Dios del cual resulta toda la fertilidad. En efecto, esta vida contemplativa se abre a la disponibilidad personal y comunitaria, a la acción del Espíritu Santo. Se trata de entregarse al Espíritu, cada vez más, personal y comunitariamente y  convertirnos así en colaboradores del Espíritu Santo.

“La contemplación no es otra cosa que un influjo secreto, pacífico y amoroso de Dios, de modo que cuando le damos el espacio, inflama al hombre en el espíritu de amor.” (San Juan de la Cruz).

Adoración del Santísimo Sacramento

Cada día tomamos un tiempo de adoración ante el Santísimo Sacramento, el sol del amor. Perseverando en esta oración silenciosa, entraremos en el abandono de nuestras obras para entrar en la mirada del Aquel que ES.

La lectio divina

Las palabras de la Sagrada Escritura serán nuestra delicia. A través de la Lectio Divina, lectura contemplativa y orante de la Palabra de Dios, aprendemos a estudiar con perseverancia las Escrituras y a guardarlas en nuestros corazones para conformarnos a la sabiduría de Dios que confunde lo fuerte con lo que es débil. A la imagen de la Virgen María, Hija de Israel, guardaremos estas palabras en nuestros corazones día y noche y, siguiendo al pueblo elegido, extraeremos de la tradición de los padres los tesoros que se ocultan en la Palabra.