Alabanza y carismas

Ya por el bautismo Cristo nos ha hecho a cada uno de nosotros una nueva criatura, un ser de alabanza para la gloria del Padre.

Es por eso que, en el ímpetu que nos comunica la fe recibida de la Iglesia, en comunión con los miembros del Cuerpo de Cristo en el cielo y en la tierra, encontramos nuestro gozo al alabar a nuestro Dios por lo que Él es y dar gracias por todo lo que Él hace.

Por nuestros himnos y cantos de alegría queremos santificar el Nombre de Dios. Deseamos entrar en esta alabanza celestial y anticiparnos al Reino convirtiéndonos en auténticos testigos de Cristo a través de la belleza, la alegría y el fervor.

A la escucha del Espíritu Santo, el ejercicio de los carismas se discierne para el bien y la edificación de todos, para confundir a los fuertes con la sabiduría de Dios.