El pequeño Triduo

Cada semana celebramos el Pequeño Triduo, el recuerdo de los tres días santos que culminan en la celebración de la Resurrección el domingo.

Consideramos el amor infinito de Jesús el jueves por la noche con la institución de la Eucaristía y lo acompañamos a Getsemaní con una adoración silenciosa el jueves por la noche.

Los viernes fijamos nuestra mirada en la Cruz contemplando su pasión en el ayuno y la oración.
El viernes por la noche, rezamos en comunión con y por el pueblo judío.

El sábado, el séptimo día de la semana, nos asociamos a la Virgen María que no ha perdido la esperanza, incluso a esta hora de tinieblas. Con ella esperamos la hora en que Cristo revelará su victoria sobre el poder del mal.

Domingo, el día de la Resurrección
Vivimos la semana, en nuestra oración comunitaria y en nuestra meditación personal, como un ascenso al domingo. Celebramos este día de la Resurrección del Señor con una oración festiva el sábado por la noche expresando nuestra alegría y acción de gracias.

Ponemos atención en dar un cuidado especial  a las liturgias dominicales y de resaltar este día de fiesta que anticipa, de alguna manera, la fiesta de bodas del Cordero. El domingo es por excelencia el día que nos reúne para la oración común y la vida fraterna a ejemplo de los primeros cristianos. Como lo dice San Pablo: “Porque hay un solo pan, para muchos somos un solo cuerpo, porque todos compartimos este pan único. Es entonces en la gracia de la Resurrección de Cristo que nuestra vida comunitaria es renovada constantemente.